miércoles 21 de diciembre de 2011


"El porvenir es tan irrevocable
como el rígido ayer. No hay una cosa
que no sea una letra silenciosa
de la eterna escritura indescifrable
cuyo libro es el tiempo. Quien se aleja
de su casa ya ha vuelto. Nuestra vida
es la senda futura y recorrida.
El rigor ha tejido la madeja.
No te arredres. La ergástula es oscura,
la firme trama es de incesante hierro,
pero en algún recodo de tu encierro
puede haber una luz, una hendidura.
El camino es fatal como la flecha.
Pero en las grietas está Dios, que acecha" 

Borges
Guilty

Yann Tiersen

jueves 1 de septiembre de 2011


Es tan duro dejar de existir,
dejar de estar dentro de algo.
El verdadero dolor es sentir
cómo
se desplaza
nuestro pensamiento
en uno mismo.
Pero
el pensamiento
como un punto
no es seguramente un sufrimiento.
Estoy en ese instante
en que no me aferro más a la vida,
pero
llevo conmigo todos los apetitos
y
las insistentes titilaciones del ser.
No tengo más que una ocupación:
volverme a hacer.

Antonin Artaud
(El pesa nervios)

lunes 29 de agosto de 2011

"Creo en todo
hasta que me sea refutado.

Todo existe,
incluso
si está en tu mente"

John Lennon

martes 2 de agosto de 2011

The last child (2008) -Installation in the city of Waterford
Helnwein - Faces, Edition Stemmle

"I do not refer to the choice of objects, although I mean those too; above all, I refer to that expression of uniqueness, of the special quality of time that pictures can be given by artists who know what a record is. But that requires an interest in the things themselves and it is not enough to be interested in the lighting." Bertold Brecht

domingo 24 de julio de 2011


Intermitencia
Desenfoque
Extrañeza
Dis------------------continuación
Incontenible...

¿Qué me pasa?

No lo sé.

Intento encontrar el foco.
Ese que solía dejarme en equilibrio, paz.
Con cierta normalidad.
Pero ya no lo encuentro.
Siento que cada centímetro de mí se mueve y paraliza por esta tartamudez intoxicante
(que ya no puedo manejar).

¿Por qué no paras de una vez?

¿Qué es esto?

Me hace sentir extraña,
m...A.r....E.a.D....a,
como un objeto que se mueve del timbo----------------- al tambo
(pero de forma plegada).
Como el esfuerzo que debe hacer un acordeón para dejar salir la belleza de sus notas.
Como si tuviera que sufrir desde lo más interno,
desplegarse y
compactarse
hasta permitir la salida de ese sonido casi mágico que es capaz de hipnotizar a quien lo escuche.

Pero yo,
yo sólo molesto,
extraño,
canso,
desespero
y ya no sé cómo apagarlo.

Tal vez necesite sólo un descanso.
Un nuevo foco.
Una mano que tan sólo sarandee mi pantalla y me deje ver tan nítido como siempre.
Como cuando me fabricaron.
Esa era mi misión.
Una visión HD.

... Sólo no quiero recordar los golpes y descuidos que me llevaron a sentirme así.
A exteriorizar ese daño por medio de cortos interrumpidos de ondas que ya no llevan un mensaje lineal.

viernes 22 de julio de 2011


Sólo unas imágenes me persiguen últimamente.
Tomas aéreas del distribuidor Araña.
Imágenes completas de cada uno de los módulos viales.
Tiempo que rueda desesperada y rápidamente sin parar.
Debemos aterrizar las ideas.
Debemos hacerlo todos por nuestros mismos medios”.
Hacemos un paneo y nos damos cuenta de que no necesitamos nada más.
¿A nadie más?


Ajustamos nuestras ideas.
Decido quedarme AQUÍ.
Solo quedarme aquí.
PEro…
Puedes mentirme en este momento para hacerme olvidar al mundo y sus catástrofes.
Yo aún no sé.
No sé cómo decirlo.
No sé qué sentir.
No siento más que…
Cansancio.
Silencio.
Acaso, ¿no es suficiente?




*Imágenes tomadas de Rog en  http://www.flickr.com/photos/rog_estepario/3857579015/in/photostream

Luego de la pérdida de todo discurso posible, quedaron las pequeñas notas que aprendí a tocar en aquel viejo salón.

Esas notas que no fueron acompañadas de letra ni de emociones para poderme encontrar, nuevamente, si me perdía.

Por meses fueron la única parte de la realidad que reconocía como propia.


Muchos trataron de definirla, de definirme.

"Soledad, amargura, rockstar, silla, tonta, blanca nieve, loca, simple, amorfa, sin sentido".

Logré adueñarme del sonido de las notas a tal punto que mis lágrimas corrían al son de su música.

Mis latidos no se detenían, por el contrario, se hacían cada vez más rápidos.



De vez en cuando debemos alejarnos de nosotros mismos para evitar destruirnos en malentendidos, sueños pesados, acciones no efectuadas, palabras no dichas, melodías no conocidas.

Ahorita estoy en ese vaivén sin sentido, en mi sombra que me destruye una y otra vez sin dejarme levantar.

Sólo quiero poder volver al mismo punto de equilibrio donde todo estaba en su lugar.

Donde podía soñar feliz.

Donde era lo que soy.


Donde lalá lalá lalala

Don.. lalá lalá lala

D.. Lalá lalá lala

Lalá laláaaaa lalála lalála

La la la la lalalá

miércoles 1 de junio de 2011


"Love is too weak a word for what I feel - I luuurve you, you know, I loave you, I luff you, two F's, yes I have to invent, of course I - I do, don't you think I do?" Alvy Singer
Annie Hall (1977)

viernes 1 de abril de 2011


"Lamento que toda la vida sea tan poco tiempo

-dijo cuando a los pacientes

del hospital de alienados

les entregan hojas para dibujar sus sueños-"

jueves 31 de marzo de 2011


The trouble with
lying and deceiving
is that
their efficiency
depends entirely upon a
clear notion
of the truth
that the liar and deceiver
wishes to hide.

domingo 27 de marzo de 2011



"Prometo

amarte más

Pero

NUNCA

menos"

sábado 19 de marzo de 2011


DIEZ LEYES

1. REDUCIR. La manera más sencilla de alcanzar la simplicidad es mediante la reducción razonada.

2. ORGANIZAR. La organización permite que un sistema complejo parezca más sencillo.


3.
TIEMPO. El ahorro de tiempo simplifica las cosas.


4. APRENDIZAJE. El conocimiento lo simplifica todo.


5. DIFERENCIAS. La simplicidad y la complejidad se necesitan entre sí.


6. CONTEXTO. Lo que se encuentra en el límite de la simplicidad también es relevante.


7. EMOCIÓN. Es preferible que haya más emociones a que haya menos.
8. CONFIANZA. Confiamos en la simplicidad.
9. FRACASO. En algunos casos nunca es posible alcanzar la simplicidad.


10. LA ÚNICA. La simplicidad consiste en sustraer lo que es obvio y añadir lo específico.

TRES CLAVES

1. LEJOS. Más aparenta ser menos simplemente alejándose, alejándose mucho.

2. ABRIR. La apertura simplifica la complejidad.

3. ENERGÍA. Utiliza menos, gana más.



Las leyes de la simplicidad. John Maeda (2006)

martes 8 de marzo de 2011


"Love is the expression of one's values, the greatest reward you can earn for the moral qualities you have achieved in your character and person, the emotional price paid by one man for the joy he receives from the virtues of another"

Ayn Rand

"Every man builds his world in his own image. He has the power to choose, but no power to escape the necessity of choice"

miércoles 2 de marzo de 2011


El pasado se convierte en principio de acción para el presente.

En este caso, las asociaciones que acuden a mi mente,

dependen de la semejanza

y no de la contigüidad,

y más que asegurar mi propia identidad,

intento buscar explicación a mis analogías.

Se podrá decir entonces,

en una primera aproximación,

que la memoria literal,

sobre todo si es llevada al extremo,

es portadora de riesgos,

mientras que la memoria ejemplar

es potencialmente liberadora.

Cualquier elección no es, por supuesto, buena;

sin embargo,

todas ellas pueden ser evaluadas con ayuda

de los criterios universales y racionales

que sostienen el diálogo entre personas,

lo que no es el caso de los recuerdos literales e intransitivos,

incomparables entre sí.

El uso literal,

que convierte en insuperable el viejo acontecimiento,

desemboca a fin de cuentas

en el sometimiento del presente al pasado.

El uso ejemplar; por el contrario,

permite utilizar el pasado con vistas al presente,

aprovechar las lecciones de las injusticias sufridas

para luchar contra las que se producen hoy día,

y separarse del YO

para ir hacia el OTRO.

Tzvetan Todorov

Los abusos de la memoria

(2000)

martes 1 de marzo de 2011



"Sympathy for the Devil"
        
Pleased to meet you
Hope you guess my name
But what's puzzling you
Is the nature of my game.
                    Mick Jagger

domingo 27 de febrero de 2011



Se despertó un día pensando que tenía tiempo de sobra para gastarlo en lo que le provocara.

Pero realmente se dio cuenta de que todo ese tiempo le sobraba.

Quería encontrar una forma de borrarlo, reducirlo, matarlo, cortarlo, comprimirlo, frag men tarlo.

Sintió que ya no estaba viviendo por el momento porque no existían momentos.

Él simplemente existía, estaba un día más –eternamente–.

Vivía en una eterna fantasía, un sueño que lo atrapaba en el presente sin miras a futuro, sin pasado, sin querer despertar de verdad.

Ella volvía a vivir en su pasado.

Una y otra vez se encontraba buscando algún detalle que le permitiera ir con él

como antes

Retrocedía en sus sueños al lugar donde lo había conocido, donde se vieron por primera vez, en el que compartieron lo que eran y querían ser.

Despertaba de nuevo, entre saltos, y soltando una pequeña lágrima se repetía que sería feliz de nuevo.



Él había perdido el tiempo y espacio que consideró de sobra.

Dejó de esperar, de descansar, de leer, de escuchar.

Se dedicó a hibernar en el lugar que escogió.

La esperanza abría camino de nuevo en su vida.

Pero seguía viendo todos los días como iguales, como una rutina, un círculo que no terminaba y permanecía constante diariamente.


Ella sueña durante el día y la noche, todos los días.

Se culpa por no poder encontrarlo, por no poder reconocerse en él para así volver

a estar a su lado.

Constantemente escapa a todos aquellos sueños en los que veía a todas aquellas personas que ocuparon un gran espacio dentro de ella.

Se levantó de nuevo, apagó la luz y decidió despertar de una vez por todas.

Despertar para dejar ir las cosas, para no seguirse haciendo daño, para no seguir viviendo en el pasado, perdiendo el presente y alejando el futuro.

Él busca despertar de sus sueños. De esa irrealidad creada por miedo a estar solo. A no encontrarse en ningún sitio donde ella no estuviera.

No lograba despertarse.

No encontraba de dónde aferrarse para impulsarse hacia el presente.

Se le ocurrió dejarse caer hacia atrás, regresar a ese punto donde se había quedado.

Logró llegar al olvido. A ese lugar donde el tiempo envolvía sus horas entre sonrisas y ganas de seguir adelante. De construir un futuro juntos del cual no despertarían jamás.


Ella cerró los ojos, se dejó caer en la cama y se dispuso a dormir como siempre. Sin buscar soñar en un punto específico.

Sólo quería descansar sin tormentos ni fantasmas que la persiguieran.

Quería sentirse bien.

Y decidió darle una oportunidad a esa cotidianidad de la que tanto renegó.

Quería abrirse a una nueva historia, a un comienzo donde pudiera ubicarse y encontrarse.


Al caer, el tiempo los envolvió. Ambos alejaron sus recuerdos, sus particularidades, sus formas de buscarse entre sí. Abandonaron ese espacio que los mantenía aislados de sí, de todo lo que los conformaba como seres ensimismados. Aceptaron que “nada los libra, que nada más queda”. Recordaron que sus vidas se unían en las cosas que compartían, que los hacía uno solo. Por esto, dejaron atrás los secretos, la oscuridad, las situaciones extrañas para preguntarse mutuamente:

¿qué haremos de ahora en adelante?”

viernes 25 de febrero de 2011

Diario de la llegada a mi nuevo hogar en Londres.

1 de junio de 2007

Londres.

Llegada a primeras horas de la noche.

Luego de vuelos retrasados, maletas perdidas y un conjunto caótico de personas viajando.

Primera vez que viajaba en sentido contrario al de la rotación de la tierra.

Hacía mucho frío.

Mi cara se enrojecía y tonificaba con el fuerte y helado viento.

El cielo me enamoró. Se encontraba despejado en su totalidad y estaba decorado con millones de estrellas que titilaban con rapidez.


Subí a un taxi y este me llevó a mi nuevo apartamento.

Se detuvo, bajé mis maletas y subí la mirada para admirar el nuevo sitio.

Mi piso era el segundo y tenía un pequeño ático que me regalaba unos metros más de espacio.

Desde él se apreciaba una vista hermosa que nunca imaginé con exactitud. El río Támesis y su Tower Bridge me daban la bienvenida a un nuevo comienzo con el que decidí descansar de las horas de viaje.

Desperté, abrí las ventanas y por ella el bullicio del frecuentado Caffe Paradiso me daban ganas de correr a observarlo en persona. Las animadas tiendas y calles que estaban alrededor de la Wellington Street se encontraban llenas de gente que parecían sonreír a todo.

El resto del edificio se encontraba en silencio desde anoche. Decidí visitar algunas habitaciones y sólo se podía observar una cantidad obscena de objetos y adornos lujosos que no permitían mantener una conversación que superara los 2 minutos y medio.

Salí a deambular un rato. Me sentó atraída por cada uno de los antiguos y nuevos edificios vecinos. Algunos, de ladrillo, se encontraban bastante desgastados, descoloridos, descuidados, deshabitados. O quizá, algún fantasma había hecho de aquél sitio su guarida segura.

Me encontré con una librería pequeña que contenía millones de libros. Esos que ya no se consiguen tan fácilmente o que quizá jamás imaginé que existían. La atendía un tímido joven que mantenía la mirada en el piso. Una capa de polvo forraba cada uno de los tomos. Escondiendo alguna de las letras de su nombre. Otros, se encontraban mordidos por el tiempo que pasan esperando ser rescatados del olvido.

Por pocos minutos, encontraba mi mirada cruzada con la del muchacho. En esos pequeños instantes en los que él levantaba la mirada para chequear el reloj antiguo de madera pegado a la pared de la entrada. Seguí dando vueltas por los estantes mientras hojeaba las novelas y textos que alguna vez me gustaron. Desde ahí, a través del cristal, contemplaba detenidamente el color de la ciudad, la felicidad de la gente, las sombrillas de color de los cafés, el piso cubierto completamente de pequeñas piedritas y de un señor canoso que repetía sin parar “los beneficios no significan nada hoy en día”.

En ese momento decidí salir de ese lugar. Caminé unas cuadras sin detenerme hasta que unos balcones con baranditas de hierro forjado llamaron mi atención. Eso me llevó a recordar aquellas pesadillas que de vez en cuando me perseguían cuando el estrés me lograba dominar. Cerré los ojos y me sentí dentro una bruma que mantenía mi cuerpo como suspendido, paralizado. Pero, ¿por qué ese recuerdo me seguía de esa forma inexorable?

Me pareció escuchar su voz, ver sus ojos. Pero no logré entender lo que decía. ¿Será que llegó a aprender aquél idioma que tanto lo atraía? Ese pensamiento me llevó a pensar de nuevo en su paradero, en su vida, lo que estaría haciendo en ese momento, lo que haríamos si estuviésemos juntos en Londres –como muchas veces lo planeamos–.

Una fuerte brisa helada me despertó de golpe. Me trajo de vuelta a la calle, a la movilidad de mi cuerpo para seguir mi paso sin mirar a los lados. Me sentí abrumada, sobresaltada y con unas ganas enormes de encontrarlo. Llegué extenuada a mi apartamento. Eran las 6 de la tarde, pero parecían las 8. Entraban por la ventana matices variados de luces acompañados de una música estrepitosa que competía con el caos del ambiente que me rodeaba. Me quedé dormida.

La vibración de un celular, las carcajadas de varios hombres en el parque, el llanto de un bebé en una habitación cercana, la corneta de los carros, el ladrido de los perros, el canto de los pájaros, el paso acelerado de una pareja que camina para ejercitarse, el cortador de la grama y unos poemas recitados por jóvenes ingleses alejan de una vez por todas mi sueño.

Me levanté, me arreglé y decidí acabar con todas las dilaciones generadas el día anterior recorriendo un poco más de Londres. Era suficiente ya la confusión y sensación de desequilibrio por la que había pasado. Quería decirle adiós a mi precipitada y alocada emoción ante lo sucedido. Me senté en un banquito que estaba –frente a un viejo edificio con letras desgastadas– en una plaza. Ahí te encontré, paseando por las casitas de colores.

Subí la mirada e intenté pasar como desapercibida. En realidad, no sabía cómo comportarme. Cómo mirarte. Cómo quedarme tranquila como si nada pasara, como si no te hubiese visto. A los pocos minutos me encontré temblando en medio de mis dudas, los recuerdos, la falta de respuestas o el exceso de preguntas.

Arriesgado, como siempre, te me acercaste. Viniste hacia mí justo como lo habías hecho una y otra vez en mis sueños. ¿Sería parte de una loca imaginación? ¿Realmente estabas ahí, frente a mí? ¿Estaba soñando nuevamente? Cerré los ojos, los apreté un poquito y los abrí de nuevo. ¡Seguía ahí, mirándome! Se veía un tanto frágil y tímido mientras analizaba cada uno de mis movimientos, gestos, miradas. Así, percibí esa fuerza que lo caracterizaba, que salía de su modo de ser reflexivo. Ese que lo llevaba a pensar dos veces las cosas antes de actuar o decir algo por impulso.

Lo observaba mientras imaginaba cómo ordenaba y escogía cuidadosamente cada palabra que diría. Sabía que no volvería a arriesgar nada sin revisar antes cada ángulo. Repentinamente, se apartó de mí. Se colocó detrás de la fuente de flores. Para ese entonces nos separaba un grupo de estudiantes ensayando una obra de teatro. Me atravesé en medio de ellos sin detener mi paso. Lo vi caminando alrededor de la fuente, dando pequeños saltos sobre las piedras más grandes del piso.

Empezó a oscurecer. El frío invadía todo a su paso. Él empezó a cambiar su rostro suave y relajado por uno más duro y distante. Yo podía seguir ahí sólo mirándolo, pero él no. Pude observar cómo se alejaba de mí con cada paso que daba. Siguió caminando sin voltear hasta llegar al cruce de la avenida, desde donde volteó para enviarme un gran abrazo y un saludo con su mano. Saludo que era nuestro “saludo”. Cerré mis ojos para recibirlo, para dar por vistas las respuestas que siempre necesité. Abrí mis ojos y supe que no volveríamos a vernos. Que ese gesto era todo lo que podía darme porque ya lo demás me lo había entregado en algún momento, porque las palabras que podía pronunciar seguirían haciendo daño de una y otra manera.

Retrocedí de nuevo todo lo que habíamos avanzado y un camino alumbrado por velas me llevó hasta mi nuevo apartamento. Donde destapé un vino y brindé por no dejar que las cosas me conmuevan tan fácilmente, por hacer lo que quiero, por no darle más paso a la soledad o a la desolación, por no seguir en estado vegetal ante el televisor o inmóvil en las noches oscuras donde el alcohol no es suficiente para alegrarme, por no seguir esperando a quien no me espera ya”.

PD: Lo admito. Me sorprendió encontrarte ahí.

lunes 21 de febrero de 2011


I've got you
under my skin.
I've got you
deep in the heart of me.
So deep in my heart that you're really
a part of me.